¿Qué pasa cuando dejamos de respirar? (El secreto del Ankh)
enviado por Cesar Bugari | 25 de enero de 2026
Espero que estés disfrutando de este domingo. Por acá, arranqué temprano. Salí a correr un rato por Buenos Aires antes de que el sol se ponga pesado. Hay algo hipnótico en el running: después de unos kilómetros, dejás de pensar en el cansancio y empezás a escuchar solo tu corazón y, sobre todo, tu respiración.
Como Bioquímico, mientras corría, no podía evitar pensar en la eficiencia de mis pulmones intercambiando gases para mantener mis músculos en marcha. Pero, a medida que el ritmo se estabilizaba, mi cabeza se fue para otro lado. Pensé en cómo la ciencia nos explica el «mecanismo» de la respiración, pero se olvida del «soplo» que nos mantiene encendidos.
Esa conexión entre el aire y la existencia es algo que los antiguos egipcios entendieron con una profundidad asombrosa a través de un símbolo que hoy vemos en todos lados, pero pocos comprenden: el Ankh. No es solo un amuleto de la suerte; es un esquema de ingeniería espiritual.
Aquí te comparto mi Bitácora de la Anomalía sobre este lazo entre dos mundos:
1. La Anatomía del Símbolo
Si analizamos un Ankh con rigor, vemos tres partes diseñadas con un propósito claro. La Cruz representa la materia (nuestro cuerpo físico, el que hoy saqué a correr). El lazo superior, o Shen Loop, representa el dominio espiritual, lo inmaterial. Pero la clave de todo está en el Shen Knot, el nudo que une a ambos.
Para los egipcios, ese nudo es nuestra respiración. Mientras inhalamos y exhalamos, nuestro espíritu está «atado» a la materia. El Ankh es un recordatorio de que somos un sistema en equilibrio: en el momento en que el nudo se desata y dejamos de respirar, el cuerpo sigue su curso biológico, pero el espíritu recupera su independencia.
2. Caminantes entre dos mundos
La cosmovisión egipcia sostenía que no vivimos en un solo plano, sino en dos mundos paralelos: el visible y material (el de la jungla de cemento y el asfalto) y el invisible e inmaterial.
El ser humano es el único ser que habita ambos mundos simultáneamente. Según ellos, la existencia no se detiene; es un ciclo continuo donde el difunto «renace» en el mundo invisible y viceversa. El Ankh es el lazo que garantiza que esa conexión no se pierda. Es, literalmente, la llave de la vida para los residentes de ambos lados del velo.
3. El alma y la Física Cuántica
Acá es donde mi parte científica se conecta con la tradición antigua. Mientras la arqueología oficial trata esto como «fantasía», figuras como el físico británico Roger Penrose (Premio Nobel) están llegando a conclusiones similares.
Penrose sostiene que, si el cuerpo fallece, es posible que la información cuántica pueda existir fuera del organismo como una suerte de «alma», quizás de manera indefinida. Es fascinante: lo que los egipcios llamaban «espíritu ligado por el nudo de la respiración», la física de vanguardia lo empieza a ver como información cuántica que trasciende el sistema biológico. Estamos diciendo lo mismo, con 5.000 años de diferencia.

El Puente hacia la búsqueda:
Cada vez que estudio símbolos como el Ankh, me convenzo más de que los antiguos no jugaban a los mitos. Estaban tratando de dejarnos un manual de usuario de la realidad que nosotros, en nuestra arrogancia moderna, decidimos ignorar.
Siempre me he preguntado: si existió una civilización anterior… ¿Dónde están las pruebas?
Quizás las pruebas no son solo piedras gigantes, sino conceptos científicos avanzados disfrazados de símbolos. En mis libros, trato de rescatar ese conocimiento olvidado, aplicando el mismo rigor que usaría en un laboratorio para analizar la historia prohibida de nuestra especie.
- Explorá las pruebas en mi biblioteca: Si existió una civilización anterior, ¿dónde están las pruebas?
Una pregunta para cerrar este domingo, mientras recupero el aliento: ¿Creés que nuestra conciencia es solo un subproducto de reacciones químicas en el cerebro, o sentís que sos ese «caminante» entre dos mundos que mencionaban los egipcios?
Te leo en las respuestas. ¡Buena semana y a respirar consciente!
César Bugari